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la verdadera historia de los rastas

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Rihanna y los grandes diseñadores de moda están poniendo las rastas en el centro de un complejo debate cultural y nosotros hemos querido preguntarnos por qué su integración trae tanta polémica. Cuando las modelos de Marc Jacobs rodearon el escenario del Hammerstein Ballroom de Nueva York el mes

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Cuando las modelos de Marc Jacobs rodearon el escenario del Hammerstein Ballroom de Nueva York el mes pasado, el público se quedó mudo observando todos los detalles. Todas las chicas llevaban botas de plataforma, purpurina y raso, además de unas rastas de lana color pastel.

Aunque el desfile fue muy elogiado, algunos críticos denunciaron una apropiación cultural. Y cuando el otro día Rihanna publicó en Instagram una imagen suya con rastas hasta la cintura junto con el mensaje “buffalo $oldier”, recibió muchos comentarios sugiriendo que la publicación era señal de que estaba de acuerdo.

Pero, ¿de quién, exactamente, se apropió el diseñador? Las rastas son un estilo de peinado internacional que ningún grupo étnico puede reclamar por completo. El debate reveló la jerarquía cultural que tenemos todos en nuestra mente, que posiciona ciertas voces y perspectivas sobre otras, y nuestra falta de comprensión de las historias y significado de otras culturas.

El estilista guyanés-americano afincado en Nueva York Orin Saunders es un experto en estilos de peinado con textura afro. Ha refinado las cabezas de celebrities como Whoopi Goldberg y acuñado los términos “nudos Bantu” y “rastas africanas”. A diferencia de las rastas “de forma libre” que lucía Bob Marley, las rastas africanas —también llamadas “rastas cultivadas”— se crean de forma deliberada retorciendo y enroscando el pelo con las manos. El estilista ofrece estos estilos a clientes de todas las razas. Saunders explica que “las rastas son un estilo humano porque el pelo de todo el mundo se enreda y forma rastas si no lo peinamos. Son más comunes entre la gente de color porque los bucles típicos de su pelo forman rastas con mayor rapidez, aunque todo tipo de pelo las formaría si no lo peináramos”.

Y tiene razón: las rastas han existido durante siglos entre gente de todo el mundo, desde los monjes de Etiopía hasta los faraones egipcios y los guerreros masái de Kenia. Han existido diversas variaciones entre las comunidades de aborígenes de Australia, las tribus de Nueva Guinea, los yoguis hindús y los guerreros celtas. Hace siglos, en China, las rastas eran señal de buena suerte entre los nobles y ascéticos.

Marc Jacobs y su estilista, Guido Palau, explicaron que su look estaba inspirado en la cultura rave, Boy George y la directora transgénero y protagonista de la campaña de Marc Jacobs, Lana Wachowski, y no en las famosas rastas de Bob Marley. Pero esta teoría resulta problemática, pues Bob Marley introdujo las rastas en el léxico pop-cultural durante sus años de gloria en los 70. Fue Marley quien inspiró a otros (incluyendo, más tarde, a Boy George y Wachowski) a crear nuevos estilos basados en su precedente. Y no pasa nada, muchas buenas ideas toman prestados aspectos de otras buenas ideas. Lo que no es concebible es la falta de comprensión.

Marc Jacobs primavera/verano’17. Fotografía Mitchell Sams.

Las greñas enmarañadas asociadas a Marley se conocen como “rastas” o “rastas de forma libre” y se caracterizan por su formación puramente natural además de ser una herramienta espiritual para los seguidores del movimiento rastafari. Muchos de ellos —aunque no todos— toman el voto nazareno que se describe en las leyes canónicas originales de los israelitas. Se trata del mismo voto que evitó que la figura bíblica de Sansón se cortara su pelo enrastado para mantener su fuerza espiritual.

Jamaica cuenta con una herencia judía muy rica aunque poco conocida. Y, como señaló hace poco el periodista Ross Kenneth Urken: “El movimiento rastafari está inevitablemente conectado con el judaísmo, pues el mesías de la religión, el emperador etíope Haile Selassie, afirmó descender del rey Salomón y comparten símbolos como el León de Judá y las leyes kosher“. El movimiento rastafari nació y fue creciendo a partir de los suburbios de Jamaica en los años 30, que albergaban mucha gente diferente, incluyendo los descendientes de los judíos sefardíes que siglos antes habían escapado de la Inquisición española. Y aunque la comunidad de los rastas sigue guardando una gran diversidad —por no haber ninguna iglesia formal ni libro de enseñanzas— Bob Marley fue el primer artista que sentó los principios de la religión a través de sus canciones.

Los rastas —y su pelo— fueron inicialmente rechazados tanto por sus compañeros Antillanos como por el resto del mundo. Hay un dicho muy antiguo que el socio comercial de Marley, Don Taylor, citó en un documental de 1979: “Puedes ser pobre y decente, pero no rasta”. Cuando el reggae maduró y se convirtió en una mercancía para hacer dinero en los 70, cuando Bob Marley llenaba estadios reuniendo a miles de adolescentes de todo el planeta, la fe y estilo de vida se filtró en la clase media. De repente, los negros decentes empezaron a dejarse rastas, mientras que los blancos y asiáticos coreaban las palabras de las raíces del reggae. Y ver a Rihanna en 2016 con el pelo lleno de rastas es una señal de lo mucho que han avanzado ganándose la aceptación popular.

La estética rasta también ha sido adoptada por muchas subculturas de mediados y finales del siglo XX, desde raveros, skaters y hippies hasta los pandilleros de Miami. El artista de Nueva York Bradley Theodore, que nació en las islas Turcas y Caicos, ha estado llevando rastas cortas desde el instituto. Él define el estilo como “de la soul” porque fue el grupo De La Soul quien las hizo populares en los 90. También destaca la influencia de Jean-Michel Basquiat y de los estilos de rastas de diversas texturas de Lisa Bonet. Como a muchos otros, le gusta la asociación de la estética con la comunidad de los rastas: pacíficos, no pretenciosos, progresistas y panafricanos.

Imagen vía @basquiatart

Sasha Lane, la joven protagonista de 20 años de la nueva película de Andrea Arnold, American Honey, se dejó rastas como una forma de protesta contra la presión social para controlar sus rizos naturales. Me dice que es una “declaración que representa físicamente mi personalidad y estilo de vida” y simboliza “libertad, cultura, belleza”. Prefiere un estilo más suelto y menos “cuidado” y acude a un salón especializado en lugar de hacérselas ella misma. Ahora hace más de tres años desde que se hizo las primeras rastas, y me dice que cree que es el mejor estilo para el pelo con texturas africanas, pues no te tienes que preocuparte de alisarlo o estirarlo hacia atrás. “Me ha permitido vivir la vida de forma natural. Me levanto, lo sacudo un poco y listo”, dice.

Jamaica es un país pequeño y la comunidad de los rastas representa solo el cinco por ciento de su población (hay unos 2 o 3 millones de rastafaris en todo el mundo). Pero, como muchos dicen, es un país pequeño con una gran cultura que ofrecer al mundo. La nieta de Bob Marley, Kaia Marley, continúa viendo la influencia de su abuelo y de la comunidad rastafari: “La veo por todas partes, y no solo en el uso de la marihuana”, dice. Desde las mezclas musicales hasta la forma de vestir, veo el estilo de vida de los rastas. Es genial que las comunidades se interesen tanto ahora por los zumos y las cosas naturales en la comida, cuidados de la piel y el cabello. Ayuda a que todo el mundo viva mejor y de forma más sana”.

Pero de lo que más orgullosa se siente es de la mentalidad. En palabras de Bob Marley, es el espíritu. Marley dijo en el mismo documental de 1979 que todo el mundo puede copiar su música —esas estructuras de acordes y melodías sencillas— pero tienen que añadir el espíritu. “Creo que al igual que Malcolm X y Martin Luther King, inspiró a la gente a cambiar su forma de pensar. Ya sabes, que defendieran aquello en lo que creían. Utilicemos los recursos que tenemos en nuestras manos para marcar una diferencia para todo el mundo, no solo para nosotros”, dice Kaia.

Los jóvenes caribeños han reavivado en 2016 el interés por el movimiento original de los rastas. Ahora se puede escuchar la música de ese movimiento por todo el mar Caribe, son las raíces del reggae. Vogue hace poco documentó el revival en un breve documental protagonizado por estrellas del reggae como Chronixx y Protoje, que lucen las mismas rastas creadas de forma natural que sus predecesores.

Protoje. Fotografía Yannick Reid.

Al final, todos “nos apropiamos” o tomamos prestado, así que la ofensa no está en la acción, sino en la mentalidad. Cuando Jessica Williams compartió esta semana con sus 100.000 seguidores de Instagram un selfie con rastas falsas de color lavanda, lo primero que me vino a la cabeza no fue si le había dado las gracias a Marc Jacobs por la idea, sino que me pregunté si estaba realmente celebrando la belleza del estilo y todo lo que simboliza.

Hablé con Derrick Scurry, el popular estilista de pelo afroamericano que creó el look con rastas de la colección primavera/verano 2000 para Christian Dior. Su rostro se iluminó mientras describía la experiencia: “Cogimos pelo liso y aplicamos pegamento con un spray para luego dejarlo secando durante toda la noche; de ahí salieron unas largas rastas. Había cientos de modelos y tuvimos que hacer como unas 10.000 rastas, y estaba lleno de top models”. Continúa explicando emocionado, “Naomi Campbell, Christy Turlington… Y era yo quien las iba sacando porque fui yo quien tuvo la idea para el concepto. A todo el mundo le encantó. Salimos en la portada de WWD“.

Derrick admite que poner rastas a modelos blancas fue un acto significativo entonces, pero no se encontraron con el tipo de polémica que surgió con el desfile de Marc Jacobs. Solo hubo un poco de shock al ver algo “que nunca antes se había visto”, me dijo, “La ropa era fantástica; las fotos eran fantásticas; fue un gran día”. En cuanto a Marc, Derrick añadió, “Las rastas siguen teniendo mala reputación. Para mí, son como el hijastro pelirrojo. Trabajo mucho con pelo con texturas africanas, pero no hay mucha gente que quiera hacerse rastas. No se suelen asociar a la belleza, y puede que solo haya como tres actrices que lleven rastas. Así que cuanto más podemos mostrarlas, mejor”.

Quizás lo más importante no sea quién se está apropiando de qué, sino el hecho de continuar, como una comunidad global, reconociendo con alegría las raíces de nuestros estilos.

One Response to la verdadera historia de los rastas

  1. love bangle 18 replica

    cartierbraceletlove So cute! I love how somebody with no artistic skills (me) could probably put this together. 🙂

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