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Lo que necesitas saber de Magritte para entender su obra

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Todo lo que vemos esconde otra cosa,
siempre queremos qué oculta lo que vemos.
– René Magritte

La importancia de la pintura y el resto de las disciplinas visuales en el cine podría pasar desapercibidas, ya que éste por sí solo es una expresión individual del arte. Sin embargo, la influencia existe y en muchas ocasiones la podemos ver en un aspecto sutil pero claro, sin necesidad de hacerlo obvio para el espectador. Las obras del director francés Jean-Luc Godard tuvieron un gran impacto en el mundo del séptimo arte, revolucionando a toda la práctica, pero no fue gracias a ideas que partían de la nada, sino a una fuerte influencia de algunos de los grandes artistas de la primera mitad del siglo XX.

Aunque Godard no implementó referencias per se al trabajo de otros artistas, logró integrarlas en su obra de una forma que se pudiera percibir, pero que no impulse a ser señalada. Probablemente el artista de quién tomó más elementos –además de todo el movimiento Kitsch en Rusia- fue René Magritte, el pintor surrealista que también influyó al Pop Art, al minimalismo y al arte conceptual.

La forma en la que Godard presentaba las imágenes –alejándose de la narrativa tradicional del cine hasta ese entonces– recordaba inmediatamente al surrealista belga, quien acostumbraba a representar objetos normales y presentarlos en un contexto distinto o raro. El cineasta pareció perfeccionar este tipo de trabajo visual, al desarrollarlo en forma de movimiento, lo que le ganó un lugar entre los más grandes directores de la historia.

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“Une femme est une femme” (Una mujer es una mujer”) – (1967) – Jean-Luc Godard

El estilo surrealista de Magritte no es similar a la técnica “automática” que usaban artistas como Dalí o como Joan Miró, sino que se enfocaba más directamente al contexto de lo que se presentaba, a ideas más allá del aspecto visual, ya que consideraba que algo podría verse normal –o ligeramente alterado– y aún así tener algo extraño o un significado más. El ejemplo más claro de esto es su pintura “La trahison des images” (La traición de las imágenes) en donde aparece una pipa que parece un modelo para un anuncio de tienda de tabaco, pero debajo del objeto, Magritte pintó: “Ceci n’est pas une pipe” (“Esta no es una pipa”), lo que parecería una contradicción, pero asevera una verdad: la pintura no es una pipa, es la imagen de ésta.

Este tipo de acciones en el arte, impulsó a que a lo largo de los años se hicieran distintos análisis sobre el trabajo de Magritte, e incluso de Godard, ya que también sus películas eran en cierto sentido surrealistas aunque parecía que mostraban una realidad bastante clara.

Su madre se suicidó cuando él tenía 14 años

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Nacido en Lessines, Bélgica en 1898, René fue el mayor de tres hijos de una familia de fabricantes. Gran parte de su niñez pasó sin que algo relevante sucediera, pero su madre, quien por largo tiempo tuvo dificultades con su salud mental se suicidó ahogándose en un río cercano a su hogar. Magritte, quien apenas tenía 14 años, estaba presente cuando la sacaron del agua. La historia dice que en algún punto el vestido de su madre llegó a cubrirle la cara. Este simbolismo se convirtió en una recurrencia durante sus primeras obras.

Fue un experto falsificando

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Después de estudiar dos años en la Académie Royale des Beaux-Arts (Academia Real de Bellas Artes) en Bruselas, donde aprendió sobre el Cubismo y Futurismo, pasó un tiempo trabajando en una compañía de tapices para pared y produciendo pósters de anuncios.
Pero no sólo eso, se dice que aunado a esa línea de trabajo, Magritte comenzó a crear copias de las obras de Picasso, Titian, y Ernst, lo que indudablemente impulsó su propio talento y logró influir en su obra. Pero además de eso, se rumora que cuando los alemanes ocuparon Bélgica durante la Segunda Guerra Mundial, René falsificaba billetes de banco para poder sobrevivir a la pobreza.

Su primera exhibición fue un fracaso

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Representando los objetos que solemos ver en sus pinturas, Magritte se convirtió en parte del movimiento surrealista en Bélgica. Sin embargo, al tener su primera exhibición se encontró con comentarios negativos por parte de la crítica. Esto provocó que aumentara su frustración, lo que lo llevó a viajar a París, donde además de conocer a André Bretón, encontró un nuevo lugar donde su obra recibió respeto. Asimismo, participó en la creación del manifiesto “Surrealismo en plena luz de sol”. Tardó unos años en volver a Bélgica para encontrar éxito financiero.

Le encantaba confundir a los críticos

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A diferencia de otros contemporáneos, Magritte incursionaba en otros géneros además del Surrealismo. Se dice que experimentaba con el Impresionismo simplemente por el gusto de confundir a sus críticos. De hecho, jugaba con un estilo que llamaba “vache” o “vaca”, en el que usaba colores muy llamativos y formas extremadamente simplificadas. Estas obras las marcó con fechas incorrectas para que no fueran mezcladas con el resto de su trabajo.

Creó un plan para engañar a su esposa (y todo salió mal)

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Georgette Berger fue probablemente la mujer más importante en la vida de Magritte. La conoció cuando él apenas tenía 15 años y se separaron hasta la muerte. Se casaron en 1922, pero Magritte comenzó una aventura con una joven artista llamada Sheila Legg. Para poder tener su amorío, planeó que su amigo Paul Colinet distrajera a su esposa, pero el plan salió mal, ya que Colinet y su esposa desarrollaron su propio amorío. A pesar de que Berger pidió que se separaran, lograron la reconciliación.

Sus obras más famosas fueron autorretratos

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Su obra más famosa “El hijo de hombre” de 1964, que presenta una manzana verde en lugar del rostro de su sujeto con el típico sombrero, fue en realidad creado como un autorretrato. Magritte lo explica: “Al menos esconde el rostro parcialmente […] Bien, así que tienes el rostro aparente, la manzana, escondiendo lo visible pero escondido, el rostro de la persona.
Es algo que sucede constantemente. Todo lo que vemos esconde otra cosa, siempre queremos ver lo que está escondido por lo que vemos. Hay un interés en el que aquello que está escondido, y aquello que lo visual no nos muestra. Este interés puede tomar la forma de un intenso sentimiento, una especie de conflicto, uno podría decir, entre lo visible está lo escondido y lo visible que está presente”. Indudablemente parece describir apropiadamente toda su obra.

Fue un fotógrafo y cineasta amateur

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Además de su experimentación con la pintura y los diferentes estilos, Magritte también incursionó en la fotografía en sus tiempos libres. Este trabajo no resultó ser tan relevante como sus pinturas, pero sí lograban influir en las distintas técnicas. También se interesó mucho en el séptimo arte, y aunque no apareció en algo “grande”, actuaba constantemente en películas caseras representando distintas escenas.

Amaba los juegos de palabras

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Como se mencionó previamente, en la pintura “La traición de las imágenes”, el juego que indican las palabras con el contexto de la pipa al mencionar que “no es una pipa”, hace que la mente crea que es una contradicción a pesar de ser una realidad, lo que involucra al individuo en el proceso artístico. Magritte sabía que el Surrealismo no era sólo la pintura, sino el resto de elementos que pueden formarlo. “Ser un surrealista significa sacar de tu mente todo recuerdo de lo que has visto y siempre estar en búsqueda de lo que nunca ha sido”.
Un ejemplo más de esto lo vemos en su obra “La clef des songes” (La clave de los sueños), donde a cada objeto le asigna un nombre distinto al que realmente tiene.

Sus obras son demasiado famosas para los ladrones

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Los traficantes de arte suelen perseguir las más grandes obras, pero en 2009 las pinturas Magritte mostraron que cuando una es muy famosa, es más difícil vender en el mercado negro ya que son reconocidas en cualquier lado. Cuando un grupo de ladrones trató de vender su trabajo de 1948, “Olympia” (que tenía un valor de aproximadamente 3.6 millones de euros), no pudieron hacerlo, y la obra fue regresada al Museo Magritte tres años después.

Su influencia sigue hasta nuestros días.

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Aunque el ejemplo de Jean-Luc Godard nos demuestra la importancia que tuvo Magritte en el cine de los 60, esa influencia se extiende hasta la actualidad. No sólo en las referencias que hace la cultura pop hacia sus obras, sino en la pintura, cine y diseño contemporáneos.
El cine de Wes Anderson, que a su vez también toma elementos de Godard sería el más claro ejemplo, pero es más bien el concepto de “averiguar lo que esconde lo visual”, lo que genera un impacto mayor en el arte actual.

Si el resto de los surrealistas nos enseñan a mirar aquello que existe de una forma alternativa, Magritte por sí solo, nos muestra que hay aún hay algo mas allá de lo que se está representando.
Probablemente la naturaleza humana es el elemento más fuerte en la obra del belga, pues logra delimitar aquello que escondemos; siempre hay algo detrás.
Esa curiosidad nos impulsa a fijar nuestra mirada y a dejarnos confundir por esas imágenes, que aunque nos revelan un lado del pintor, nos hace preguntar qué más nos ocultó entre su delirio.

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